El vals de Cristian Eriksen

Anoche comenzó esa fase de la Champions League a la que todavía apetece llamar Copa de Europa. Juventus FC y Tottenham Hotspur fueron los equipos encargados de inaugurarla. Lo hicieron en un partido extremadamente divertido y de buen nivel en el que los bianconeri, quizá en sus mínimos, se ofrecieron para medir y determinar cuál es el verdadero lugar del proyecto de Mauricio Pochettino en el actual fútbol de élite. Y desde luego, pinta de futuro campeón no tiene, pero qué gustazo fue verlo jugar.
El conjunto londinense destaca por expresarse a partir de un sistema que se basa en el volumen. Es decir, hace muchas cosas y le interesa que pasen muchas cosas. Tanto cuando ellos poseen el balón como cuando lo maneja su adversario. Dicho patrón conlleva pros y contras dentro de una competición tan particular como la que nos atañe. La cruz, de forma evidente y peligrosa, consiste en la insuficiente atención que se presta a los detalles. Un equipo que considera el 0-0 como resultado más factible, seguido del 1-0 y el 0-1, no concede ninguno de los dos goles que ya campeaban ayer en el electrónico antes de alcanzar el minuto 10. No obstante, también sólo con este espíritu cabe la recuperación anímica y futbolística tras encajar un golpe semejante en casa del mismísimo subcampeón de Europa.
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Así que se puede y debe decir que, a efectos prácticos, la eliminatoria arrancó con dos tantos de ventaja para Allegri y los suyos. Y con dicha renta, la Juve resolvió que lo mejor que podía hacer era replegar hacia su área y ampararse en esa descomunal estadística que llevaba por bandera en la previa del envite: un único tanto recibido en los últimos 16 partidos disputados. Además, su transición ofensiva resultaba prometedora. Cuando la concebía como un contraataque, hallaba dos situaciones a favor que le dotaban de muchísimo peligro. La primera, la posición intermedia y desmarcada de Douglas Costa, cuyas conducciones por el carril central -ejerció de mediapunta- hacían un daño importante, sobre todo, en el sector derecho de la zaga de los Spurs. Justo donde percutía el otro delantero clave, Higuaín, que descubrió un territorio muy acogedor en aquellos espacios asignados al central Davinson Sánchez. El colombiano, por mezcla de inexperiencia y falta de ayuda de su lateral Aurier, fue causa y consecuencia de muchos de los desequilibrios sufridos durante la protección del arco de Hugo Lloris.
Sin embargo, pese al peligro de su contragolpe, el juego con balón de la Vecchia Signora no estaba siendo completo. El motivo, que el primer pase filtrado por Pjanic, que estaba cómodo y jugando bien, luego nunca evolucionaba a posesión estable de los italianos. El mediocentro bosnio lo permitía y lo inspiraba, claramente estaba consiguiendo imponerse a la presión del Tottenham, pero no había nada después de él. Bernardeschi, en posición de extremo derecho, anduvo muy lejos de poder asumir la carga de pausa y control de juego que sumaron entre Bonucci, Alves y Dybala durante el curso pasado.
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Justo a causa de ello, el candidato de la Premier League se presentó en condiciones perpetuas de poder exhibir aquello que más poderoso le hace ver: su ataque posicional. En este sentido, llamaba la atención desde sus primeros pases.